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Lo de la austeridad, al parecer, no termina de beneficiarnos. Hemos pasado de comer pollo con patatas a comer sólo patatas y después menos patatas y ahora vamos a eliminar las patatas, que con el caldo vale. Y dicen, claro, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y uno se pregunta si dormir sobre sábanas que no se transparentasen era un lujo.

Es que el “gratis total” no puede ser -comentaba cierto trabajador público no hace mucho-. “En Alemania y en Inglaterra y en sitios así pagan por todo” -concluía, cargándose de razón con un enérgico gesto de barbilla-.

Pues en Alemania quién sabe, pero aquí, en España, gratis gratis, lo que se dice gratis, nada. Y si no, que se lo pregunten a los libros de contabilidad de cierta productora audiovisual, formada hace un lustro por dos hermanos menores de 30 años, con poco dinero, algunas ideas y muchas ganas. Esos libros responderán indignados que no hay derecho, que 40.000 euros es una fortuna, y que ésa no es manera de ayudar a los emprendedores.

Marca de agua

Lo que pasa es que hay dos clases de dinero: el limpio y el sucio. El sucio puede perfectamente ser legal, pero es sucio. Y el limpio sólo se gana trabajando. Y no, jugar al golf no es trabajar.

"Aullido" por Miguel Peláez

“Aullido” por Miguel Peláez

Así que habría que empezar a identificarlos, a diferenciarlos -a los dos dineros-, poniéndoles una marca de agua, o algo, de manera que uno supiera perfectamente con qué dinero trafica. Porque evidentemente no tiene el mismo valor el dinero sucio que el dinero limpio, y son tan diferentes, tan opuestos, que el solo hecho de llamarlos con el mismo nombre debería ser causa de delito.

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Y una vez diferenciados, darle a imprimir, pero darle con ganas. Porque ya está bien. Porque uno se cansa de ver cómo medran siempre los peores, los más tramposos; de ser tonto de bueno. Uno se cansa de oír al proletario defender la oligocracia financiera, el Capital. Y uno está harto de ser siempre pobre y no parar de currar.