Pasión piropo

Los límites de la tolerancia cultural se mueven con los tiempos. Hay uno, uno importante que nos atañe a todos, que últimamente está desplazándose: el de la cosificación (“híper-sexualización”) de la mujer. Es ésta una tendencia que venimos sufriendo especialmente desde el estallido de la economía de consumo y el libre mercado: la mujer es utilizada como ansiógeno sexual, como objeto publicitario, con el fin de vender cualquier cosa.

En este “estallido”, la identidad femenina se ha visto afectada, definida y redefinida por estos mecanismos de consumo, hasta el punto de que la propia mujer es con frecuencia quien abraza esa identidad híper-sexual y como objeto sexual actúa (y esto lo señalan numerosos grupos feministas). Eso es lo que ha visto, eso lo que conoce.

La gran conquista -en esto también parece haber consenso- está en la educación: la cultura debe evolucionar. Y no sólo igualando salarios, reconociendo méritos, o reivindicando libertades (y por supuesto condenando la violencia), sino muy especialmente en el ámbito de la pasión amorosa.

Hay una campaña en Madrid, en carteles y marquesinas, que tacha lo siguiente:

“Día de tía buena, maciza, dime cómo te llamas para poder pedirte a los Reyes”.

Lo cual apostilla con esto: “Eliminar la violencia machista es una lucha de todos los días”.

Foto: Ayuntamiento de Madrid

Quizás sea burdo. Quizás pueda resultar molesto. Pero innegablemente, el piropo tiene su espacio en la cultura amorosa: pequeños ingenios, excusas, pretextos para romper el hielo de la distancia y robar a la persona piropeada una sonrisa. ¿Deben eliminarse? ¿Todos?

De hacerlo, de dar este paso y aceptar que el piropo en sí -en tanto que proposición sexual- es condenable, estaríamos llevando la cultura, una vez más, en sentido opuesto a la biología. Porque pensemos en la sociedad individualista que tenemos: los menguantes índices de natalidad, el imperio de la pornografía, el número creciente de divorcios y familias monoparentales, Internet como reducto para la seducción, el amor como ranking de selfies, la ansiedad y los ansiolíticos, el vivir solos… El piropo parece casi más el antídoto que el veneno.

A lo mejor encontramos piropos con los que las mujeres se sientan cómodas. Y ahora estaría mal decir que ojalá vinieran con manual de instrucciones.

Dojo Kun

Karate significa “mano vacía”, mano sin armas. Y esto es así porque el cuerpo todo del karateca es, en sí, un arma. La diferencia entre “ser” y “tener” queda clara y patente aquí, cuando uno, desprovisto de toda herramienta, sin ejército ni guarnición, solo, desnudo, es capaz de imponerse al medio y medrar.

Barrios

En algunos barrios se ha olvidado esta diferencia. Se piensa que es más quien más tiene y se olvida que la esencia, lo que uno es, acompaña a la persona inevitablemente. Ser no es tener.

Claro que los objetos se convierten en prolongaciones de la persona, ciertamente. Las cosas potencian nuestras acciones, y en este momento ya es fácil confundir esencia y tenencia. Por ejemplo, el propietario de un automóvil llegará a su destino mejor, más lejos y más rápido que alguien carente de medio de locomoción. Indiscutible. ¿Pero adónde irá? Ahí está la clave.

Dojo Kun

En Karate, ese universo en el que de nada vale lo que uno tiene, sino lo que uno es y consigue día a día, el destino está claro. Al final del camino está uno mismo, mejorado, limpio, alineado. Y el otro es un compañero, un aliado, no un rival, puesto que el único rival posible es el yo y sus limitaciones.

Cinco principios resumen esta filosofía. Son tan sencillos como bellos y en algunas escuelas, se recitan a coro, al principio o al final de cada entrenamiento:

-Respetar a los demás.
-Esforzarse, ser constante.
-Reprimir la violencia.
-Ser honesto, decir la verdad.
-Intentar perfeccionar el carácter.

¿Quién eres, cuando te vistes como la horda que hace de su posesión su bandera? ¿Qué eres?

Fotografía de portada: Maestro Hiromichi Kohata cortesía de Asociación Gensei Ryu Karate Do España.

Francamente

Hablan de memoria histórica… Pero ¿qué es?

Se disputan la iconografía de calles y plazuelas, derriban monumentos para luego reconstruirlos porque Patrimonio dice que de qué van, que no se puede ir así por la vida; prohíben hacer mofa de los símbolos nacionales, manifestarse frente al Congreso, fotografiar a la policía en plena carga ciudadana. Prometen gobernar para todos pero luego resulta que solo para los suyos y que aquí aún falta la revolución obrera y la dictadura del proletariado y que sin sangre nunca se consiguió nada y ya veremos si en las siguientes elecciones el pueblo ignorante se da cuenta de quiénes son los buenos. Roban hasta quebrar un país, se pasan a la torera las leyes de financiación de partidos, las leyes fiscales y las leyes en general. Detienen a dos pobres diablos por hacer un espectáculo de marionetas y los dejan ahí, en prisión, como si fueran terroristas de los que matan a gente en aeropuertos. Cambian la lengua a su antojo y donde antes había “imputados”, ahora “investigados” y lo que era crisis y ruina y deuda con Europa, ahora es salida de la recesión, oportunidades de emprendimiento y vínculos transnacionales.

Nos toman por tontos y es ofensivo.

La memoria histórica es precisamente eso: saber que tonto, precisamente, no eres. Que pueden pintarlo de naranja o de verde, pero el latrocinio es latrocinio, la dictadura es dictadura (aunque sea del proletariado) y la discriminación positiva no existe.

Franco tiene el culo blanco

Y pueden detenernos y meternos miedo. Pueden asfixiarnos. Pero no nos van a engañar.

Hoy os traemos memoria histórica en estado puro. No está subvencionada por la Unión Europea, ni por sus estados miembros (y “miembras”), ni por ninguna Comunidad Autónoma, región, país, nación, ni fundación de ayuda a personas con déficit de atención cruzada. Está hecha por el pueblo llano, que no se deja engañar. Que es pobre, pero también honrado. Y que se ríe de toda esta panda. Por no llorar.

Con todos vosotros, “Francamente”.

Ver serie completa en Youtube

Reparación

“Somos un banco muy sólido, muy solvente y muy rentable. Y estas fortalezas son las que nos permiten proponer un incremento del dividendo del 50%. En definitiva, seguir avanzando en la devolución de las ayudas a los contribuyentes” (J. Ignacio Goirigolzarri, Presidente de Bankia, febrero de 2016)

Bankia ha anunciado beneficios en 2015 de 1.040 millones de euros, después de reservar una generosa cantidad, de otros mil y pico millones, para pagar condenas. Es ya hora de que hablemos aquí sobre la estafa de las “preferentes”.

Hasta hoy, no habíamos tratado el tema por respeto hacia algunas de nuestras personas más allegadas, por eso de “no remover la mierda, pues cuanto más se remueve, peor huele”. Pero ahora que el episodio llega a su fin, nos parece de justicia, si no adentrarnos en los pormenores del caso, sí al menos señalar aquellos puntos que nos resultan más escandalosos.

Un millón de euros

Antes de proseguir, pensemos por un momento en lo que vale un millón de euros. Si tomamos un salario digno como referencia, de 20.000 euros al año, con un millón de euros podríamos pagar el de 50 personas. O mejor dicho, el de 50 familias.

Por tanto, con los 1.040 millones de euros que ha obtenido Bankia de beneficios en este año, podría pagarse el salario de 52.000 familias.

La estafa

Por si alguien no sabe todavía en qué ha consistido la estafa de las “preferentes”, la resumiremos en un par de frases: cuando estalla la burbuja inmobiliaria y los bancos se ven al borde de la quiebra, engañan a sus clientes para hacerse con sus ahorros. Este engaño, según se ha visto en las sentencias, consiste en hacerles creer que están contratando un depósito bastante rentable, cuando en realidad les están “colocando” acciones del propio banco. Los empleados de las entidades bancarias llegaron tan lejos en sus engaños que en muchos casos ni siquiera se firmaba un contrato, sino que directamente el dinero se sacaba de la cuenta corriente del cliente y se convertía en “preferentes”.

Después, como la situación era insostenible, las ratas abandonaron el barco, con mucho dinero en sus bolsillos, el Gobierno de España tuvo que intervenir, para lo que pidió un préstamo a Europa de 40.000 millones de euros (el salario anual de dos millones de familias), destinado al “rescate” de las entidades bancarias, y empezaron los juicios, que han colapsado nuestros tribunales durante más de cinco años.

Algunas entidades quisieron llegar aún más allá y propusieron que los afectados, en lugar de denunciar, acudieran a un arbitraje. El Mundo publicaba en 2014 que 167.000 clientes no recuperarían su dinero, debido a los resultados de dicho arbitraje.

El proceso

A lo largo de estos años, la situación de las familias afectadas ha sido de pesadilla. No sólo fueron víctimas del robo de todos sus ahorros, sino que tuvieron que endeudarse para pagar a abogados y procuradores y todo en un contexto de crisis económica: precisamente cuando los ahorros más necesarios son, para eso sirven.

Muchos inocentes quedaron por el camino. Personas humildes, no supieron cómo hacer frente a la situación y se vieron consumidos. Han sido cientos de miles los afectados, recordemos, y con un perfil mayoritario de pensionistas, jubilados, trabajadores de base, pequeños ahorradores que conformaban el grueso de la clientela de las cajas de ahorros.

No podrán disfrutar de su jubilación.

¿Y aquí quién paga?

Y uno se pregunta… ¿aquí quién paga? Si este señor Goirigolzarri sale tan ufano diciendo que Bankia es un banco tan de puta madre (traducido al lenguaje de la calle) que le ha sobrado dinero como para alimentar a 52.000 familias durante un año (cosa que no hará), algo se nos escapa. Estos individuos, si siguiéramos cualquier código del honor, ya no es que no debieran jactarse de sus “fortalezas”, sino que deberían ponerse -como ladrones condenados que son- a disposición de los agraviados, hacer lo exigido para reparar su falta, avergonzarse al menos. Y en el terreno económico, devolver lo robado al conjunto de los españoles, entregar por supuesto lo ganado a costa del “rescate” público y ni pensar en lucrarse con ello. Han destrozado la vida de cientos de miles de familias durante cinco, siete, nueve años, familias que no volverán a ser las mismas, y han endeudado al país durante la próxima década, al menos, sin contar con la depreciación de la vivienda, la destrucción de empleo y la pérdida de derechos sociales y laborales que el estallido de la burbuja ha traído adosados. Esta gente ha jugado al monopoly con el país y nos ha dejado los restos de la fiesta para que los recojamos. Es absolutamente inadmisible que, después de juzgados y condenados, después de haber visto cómo la sociedad les señalaba como los culpables de la ruina colectiva, mantengan esa actitud de prepotencia. Bankia es de los españoles, señor Goirigolzarri, dese cuenta, y ustedes deberían estar cobrando sueldos dignos, de 20.000 euros al año, con bochorno incuestionable, con humildad y cabeza gacha, por arreglar el mayor desastre de la Historia reciente, por depurar responsabilidades de tanto ladrón sin vergüenza, y por pensar en cómo reparar el daño que sus colegas han causado a tantas y tantas personas, en lugar de brindar con champagne y repartir más dividendos.

Eso, señor Goirigolzarri, si siguiéramos cualquier código del honor, uno al azar. Porque si, en concreto, atendiéramos al código japonés, serían sus tripas las que habrían de ser ofrecidas en seppuku. Suerte para ustedes.

Ilusión

Pedía Pablo Iglesias a los ciudadanos -en ese debate electoral del 7 de diciembre- dos cosas: que no olviden y que sonrían. Hablaremos sobre lo segundo -sonreír-, ya que lo primero -la corrupción- es muy desagradable.

Dice así:

“Les pido… que sonrían a los autónomos y a los pequeños empresarios, que sonrían a los que se levantan a las seis de la mañana para trabajar y a los que se levantan a las seis de la mañana y no tienen adónde ir a trabajar, que sonrían a las madres con jornadas de 15 horas, que sonrían a los abuelos que se parten la espalda para estirar su pensión. Sonrían, sonrían, que sí se puede.”

Muy bonito, pero tampoco entraremos en eso. Hablaremos más bien sobre la capacidad de sonreír cuando uno tiene la “espalda partida”.

No sabemos hacer negocios

Es frecuente en el mundo empresarial -español- toparse con personas ciertamente desaprensivas. Si bien desde otras partes del mundo se considera que, para conseguir el éxito, las empresas deben tener “alma”, aquí nos empeñamos en vendérsela al diablo. ¿Cuántas veces no tratamos al trabajador, al proveedor, o al cliente, como a un enemigo? ¿Cuántas historias de traiciones, estrujamientos e injusticias varias no podríamos contar? Y es que parece que en España (y no sólo en España), si triunfo, ha de ser a costa de otro.

La biología nos enseña que las relaciones más provechosas son aquéllas en las que consigo mi beneficio beneficiando al otro, y viceversa. Relaciones simbióticas. ¿Quiero acaso que mi cliente se arruine? ¿Quiero que se sienta estafado? No. Y del otro lado, ¿me interesa machacar a mis proveedores? ¿Trabaja mejor un empleado con la “espalda rota” que uno sano? Obviamente no. ¿Y por qué se hace?

Regalar sonrisas

Porque alguien tiene que ser el primero en sonreír, en abrir los brazos. Pero el otro debe estar a la altura, abrir los suyos y devolver la sonrisa. Así se trabaja. Si uno se entrega de verdad, con bonhomía, honestidad y generosidad, la respuesta no puede ser un palo. Es como el famoso refrán aquél, “le das la mano y te toma el brazo”. Es entonces cuando llega la confrontación.

Pero sigamos con el ejemplo. Imaginemos que la voluntad del primero, el que sonrió y se llevó un palo, es firme. Imaginemos que vuelve a sonreír, vuelve a abrir los brazos y vuelve a entregarse. Y el otro, el que dio el palo, aprovecha la situación y responde con otro palo. ¿Cuánto durará el beneficio para el segundo? Y lo que es más grave… ¿cuántos palos aguantará el primero antes de cerrar los brazos?

Idólatras

Porque si las personas somos civilizadas y cuando nos hacen un favor damos las gracias, ¿por qué dejamos de serlo en el terreno corporativo? Todo aquello que está en la base de nuestra cultura, el respeto, el reconocimiento a la labor ajena, la humildad, el agradecimiento, la colaboración, lo perdemos cuando se nos tiende una mano y tomamos hasta el brazo.

“Ama al prójimo como a ti mismo”, “pon la otra mejilla”… al final, la religión nos da pautas de autogobierno. Son normas básicas de civilidad, sencillas de entender, para que las cosas funcionen (y no hace falta ser religioso para aceptarlas). Pero claro, cuando la “política de empresa” es más importante que cualquier valor moral, cuando los “objetivos” consisten en ganar más dinero (sin importar mucho cómo), cuando lo que interesa saber de las leyes es cómo aprovechar sus resquicios, y cuando el logo de mi empresa se antepone a cualquier otro icono, entonces ya no soy persona civilizada, sino un salvaje, o peor, un fanático, un idólatra.

“No adorarás falsos ídolos”, dice el Testamento. Y es que, en esa adoración al falso ídolo, en esa idolatría, cambiarás unos valores por otros y dejarás de ser persona (¿qué es una persona, sino aquello en lo que cree?).

La ilusión

Así que, para Cristo (léase cualquiera), después de recibir latigazos, vejaciones y torturas, resulta difícil sonreír. La ilusión por un mundo fraternal -un intercambio generalizado de sonrisas- va dando paso, palo tras palo, a la fe ciega y al compromiso con uno mismo, en el mejor de los casos. O, en el peor, a un alma rota de tanto cobrar.

Pide Albert Rivera que votemos “con ilusión”, él también. La verdad, nos duele la espalda, a la altura del alma, pero lo haremos, una vez más. Y no sólo votaremos con ilusión, sino que trabajaremos con ilusión y en definitiva seguiremos viviendo con ilusión, con el corazón abierto. No porque lo pidan ellos. Porque es lo que somos.

A bordo del Beagle

El Beagle era el barco en el que Darwin gestó su teoría de la evolución. Durante cinco años, el científico inglés viajó por Sudamérica y Oceanía analizando cientos de animales autóctonos, con el fin de obtener patrones evolutivos que le permitieran comprender el origen de las especies.

Hoy os traemos un videojuego que recrea la aventura de Darwin. Bueno, en realidad, no está aún terminado, pero nuestro amigo Andrés, su autor, está trabajando duramente en ello y ha iniciado una campaña de financiación colectiva con la que espera conseguir los euros necesarios para publicarlo. Calcula que estará disponible en mayo de 2016, bajo la modalidad de descarga gratuita.

Aquí os dejamos algunas imágenes del juego y los enlaces tanto a la demo inicial como a la campaña de crowdfunding.

Demo inicial: http://eljuegodedarwinysusanimales.blogspot.com.es/p/blog-page_1.html

Galería de imágenes: http://eljuegodedarwinysusanimales.blogspot.com.es/p/galeria-de-imagenes.html

Contribuye (desde 5 euros): http://es.ulule.com/el-juego-de-darwin-y-sus-animales/

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Diezmados

“Disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro”.

Con esa heroica frase, el coronel Pinilla, allá por 1936, ordenaba a su propio ejército que le matara. Sí, como lo leéis, el coronel pidió a sus barcos por radio que les bombardearan a él y a sus hombres, pues acababa de perder contra los republicanos el cuartel que defendía en Gijón.

“El enemigo está dentro…”

Los barcos no le hicieron caso y el coronel murió igualmente, aunque no por “fuego amigo”, sino a manos de sus enemigos los republicanos, pero la cita viene al pelo para hablaros de eso que queremos hablaros hoy: de lo que se supone que deben hacer los amigos y de lo que, en cambio, hacen los enemigos.

El Gobierno es nuestro amigo

Esta frase debemos repetirla en DOKULT varias veces al día, por la mañana, para creérnosla, porque, de lo contrario, podríamos caer en la tentación de pensar que el Gobierno es, paradójicamente, nuestro más letal enemigo.

La nuestra, lo sabéis, es una pequeñísima empresa creada por dos profesionales de los medios de comunicación, hermanos para más señas. Dichos hermanos pusieron en juego, hace casi ocho años ya, no sólo su patrimonio personal y profesional, sino todas sus esperanzas e ilusiones, bajo la creencia de que, si uno se esfuerza, si defiende aquello que es correcto y justo, si es constante y disciplinado, metódico, trabajador y valiente, puede conseguir lo que se proponga. Y no vamos a decir lo contrario ahora, pues seguimos confiando en esos principios. Pero sí os alertaremos de las mayores amenazas que se ciernen contra alguien que comparta esta mentalidad.

Y para ello, a modo de ejemplo, os relataremos cuál ha sido nuestro periplo al obtener una ayuda pública -la primera y única que nos han concedido-, pero permitidnos primero que mencionemos algunos obstáculos estructurales con los que debemos lidiar a diario.

La multa

“La multa” es el nombre que, entre nosotros -y siempre cariñosamente, pues con cariño se ha de tratar a los amigos- recibe la cuota de Autónomos. Una multa de unos 4.000 euros por persona al año, que se dice pronto. Y no importa si tu empresa carece de clientes, si tiene unos pocos, si cobras un euro al mes, o si apenas te puedes permitir comprar café en el supermercado: la multa, la tienes que pagar.

Ésta es una reivindicación constante de los pequeños empresarios (“si no gano, obviamente, no puedo pagar”), no es nada nuevo, pero conviene poner, una vez más, la cuestión sobre la mesa, para que el lector haga la cuenta y trate de imaginar la angustia que supone desembolsar decenas de miles de euros, mes a mes, año tras año, cuando no se tienen.

El diezmo

Como sabéis, el diezmo era el impuesto que recaudaban la iglesia y otros estamentos públicos antiguamente, que equivalía a una décima parte de los frutos obtenidos por el contribuyente. Un diez por ciento de las ganancias.

Pues bien, hoy el diezmo se ha multiplicado por dos. Veréis… Si después de pagar “la multa”, el alquiler de la oficina, los gastos comunes (agua, luz, teléfono), desplazamientos, seguros, costes de producción, etc, si después de eso, te sobra algo de dinero, te toca pagar a Hacienda: como mínimo, el 20 por ciento de lo que te quede, es decir, un doble diezmo. Y después, de eso que queda, si es que queda, pues ya puedes cobrar tú para comer.

“El Gobierno es nuestro amigo…”

La ayuda

Y claro, tras este continuo esfuerzo de contribución al fondo común, uno confía en que el Gobierno, nuestro amigo, echará sus cuentas y repartirá equitativamente lo recaudado. Y lo hará bien, poniéndonos las cosas fáciles, asegurándose de que su ayuda de verdad sirve para algo.

Primer paso: Agosto de 2014. La convocatoria

Como somos unos chicos atentos y aplicados, en lugar de estar en la playa en agosto, estábamos trabajando, y por eso nos enteramos (a través del tweet que publicaba un alto mandatario gubernamental) de que se iban a convocar unas ayudas para la consolidación de empresas. Alegría, ilusión, esperanza. Rápidamente buscamos más información, para lo que nos dirigimos a diversos organismos que no nos saben responder a ciencia cierta, pues aún no se ha hecho oficial la iniciativa.

Cuando por fin se publican las bases, descubrimos que, para solicitar la ayuda, es preciso realizar un plan de consolidación empresarial y que ese plan sea aprobado por técnicos cualificados. “Es lógico” -pensamos- y nos ponemos manos a la obra. También hay que recabar todo tipo de documentación (certificados, más certificados y algún que otro certificado), solicitar presupuestos de todos los bienes que pretendes adquirir, etc. A ello.

Segundo paso: Septiembre de 2014. El crédito.

Una productora audiovisual (una que de verdad realice los vídeos que vende) necesita invertir en equipo técnico casi continuamente. La tecnología que usamos es muy cara y su obsolescencia es muy rápida, así que apenas ganamos para comprar maquinaria. Para eso y para pagar impuestos. Y por eso mismo, para una productora pequeña, saber qué tecnología comprar y cuándo comprarla es una decisión estratégica de primer nivel. Uno arriesga continuamente su patrimonio presente y futuro y el crédito debe usarse siempre con máxima cautela.

No queríamos endeudarnos.

Sin embargo, las bases de la convocatoria exigían que todos los equipos que pretendíamos adquirir estuvieran comprados y pagados antes de noviembre. Y claro, nosotros no teníamos ni la liquidez suficiente como para comprarlos ni la intención de hacerlo si no nos concedían la subvención.

Así que nuestro amigo el Gobierno nos volvía la espalda: nos estaba obligando a endeudarnos (¡a nosotros, a sus amigos!) antes de decidir si nos ayudaría o no. Amigo Gobierno, no nos hagas esto. Si nos vas a devolver una pequeña parte de esas decenas de miles de euros que, mes a mes, trimestre a trimestre, responsable e intachablemente, hemos ido aportando al erario público (¡gracias!), por lo menos dánosla antes de que vayamos a la tienda. Porque ir a comprar cámaras sin dinero en el bolsillo es un poco desagradable.

Y, sobre todo, amigo Gobierno, cuestión básica: ya que no nos vas a devolver el dinero en el momento adecuado, eso sí, dinos al menos si nos vas a devolver algo, porque ir a comprar sin saber si vas a poder pagar es… algo más que desagradable.

Esto no se le hace a los amigos.

Tercer paso: Noviembre de 2014. La justificación

Con todo y con eso, como entendíamos que era necesaria una inversión en maquinaria, y como no sólo somos responsables, sino también valientes, decidimos solicitar un crédito, para el cual hubo que movilizar otra tanta documentación. Pero, al fin, tras vueltas y más vueltas, sin saber aún si nuestro amigo nos ayudaría o no, pero con la esperanza por bandera, compramos el equipo.

Y sí, por fin nuestro amigo respondió, semanas después, diciendo que algo nos daría. Satisfacción, gozo; radiantes como estábamos, de júbilo y emoción, pensamos que el dinero llegaría tarde, pero bueno, lo peor había pasado, llegaría de manera inminente.

Claro, que aún teníamos que justificar esa compra, ya no con las facturas, sino también con una memoria explicativa, resguardos compulsados por nuestras entidades bancarias y quién sabe qué más. Si hasta nos cobraron 18 euros en nuestro banco (otro amigo que tenemos) por tramitarnos el dichoso certificado.

Cuando todo parecía en orden, la documentación en plazo y en regla… ¡Horror! No habíamos caído… En esos meses transcurridos, desde que concurrimos a la convocatoria hasta que conseguimos comprar el equipo, habían cambiado algunos precios y la cantidad no coincidía exactamente con la presupuestada, de manera que se requirió una revisión de las cuantías, que al final se cifró en la nada desdeñable suma de 100 euros, que restaron a lo que tenían previsto devolvernos, para lo que hubo que aceptar la revisión pericial y la enmienda parcial y venga papeles arriba y papeles abajo, y formularios, modelos, cartas y poemas, que hasta la guardesa de seguridad de la Consejería nos conoce por nuestro nombre.

Y a todo esto, paga el IVA de todo ese equipo, paga “la multa” mensual, paga el doble del diezmo trimestral y tal y tal y tal. Pero no te olvides de añadirle la cuota del crédito, que el banco es también nuestro amigo y necesita puntualmente nuestra aportación.

Cuarto paso: Mayo de 2015. ¿Amigo? … ¿Amigo?

La respuesta a esa pregunta es el sordo sonido de un grillo a lo lejos… Cri, cri… Cri, cri…

Mayo de 2015. En el recuerdo queda el arrojo que demostraron estos dos valientes, al empeñar su vida para poder hacer bien su trabajo. Quedan las suelas gastadas de restregarlas contra felpudos de entidades amigas. Queda la frente bien alta de orgullo, por haber atendido cada pago sin demora, vencido cada obstáculo, superado cada prueba.

Mayo de 2015, amigos, casi junio. Diez meses de trámites… Y el Gobierno no paga.

Y sabemos que, de lo que pague, cuando lo pague, tendremos que devolver un 20 por ciento, pues se ve que con lo que contribuimos no es suficiente.

Así que, cuando alguien nos pregunta que qué tal nos va, que cómo estamos, invariablemente respondemos… ¿Nosotros? Diezmados.

“Disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro”.

“Debemos” y la buena casta

Debemos. Y debemos porque podemos y porque nos toca.

Debemos hablar de esa nueva generación que gobernará España dentro de poco. Se trata de personas que hablan muy claramente y que saben lo que dicen. Personas muy bien preparadas -muy versadas, mucho más que nuestros gobernantes actuales- que intentan aplicar lo que nos enseñaron sobre la Democracia en la escuela. Todo eso de los Derechos Humanos, del Estado Social y de la libertad bien entendida. Debemos hablar de ellos y debemos hablar bien, porque son muchas las voces que claman en su contra, sin razón.

Más allá de lo realizable o no de sus políticas, la perspectiva que arrojan el partido “Podemos” y su dirigente Pablo Iglesias, son ciertamente esperanzadoras, en tanto en cuanto marcan el camino de la moral justa y del sentido común. Y su relación con los medios es buen ejemplo de esto. Un político, en la era de Internet, no puede actuar como si estuviéramos bajo Franco. Bajo Franco, la información, los medios de información, eran pocos y estaban muy controlados; las voces contrarias eran silenciadas, nadie podía opinar públicamente, a no ser que transmitiera los mensajes del Régimen y los periodistas éramos correveidiles que apenas pintábamos nada. Pero esto ha cambiado.

Ahora, con mayor o menor eco, cualquier voz puede alzarse para opinar. El ciudadano tiene a su alcance más información de la que puede procesar y el conocimiento de la Humanidad avanza de manera exponencial. Sirva el siguiente gráfico desarrollado por “Tall & Cute” para hacernos una idea de dónde estamos.

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Y es que esto avanza muy rápido, señores. Los tiempos nuevos son para personas nuevas, dicho esto con todo el respeto hacia nuestros mayores. Los esquemas mentales de la generación que ahora a regañadientes se jubila, ya no son válidos para el mundo actual. Es preciso, no sólo para gobernar, sino también para desenvolverse en el entorno laboral, incorporar la tecnología, entender las sociedades desde el punto de vista que arroja la Ciencia moderna, darse cuenta de que la actitud del cacique tradicional ya no se sustenta y actuar como verdaderos ciudadanos, no como súbditos.

Pablo Iglesias no será un santo, pero tampoco lo pretende. Es cierto que su figura taciturna, su faz barbilampiña, su manía de chascar la lengua cuando habla y la contundencia de su mensaje generan antipatía. Pero al menos no es una comadreja que se ande ocultando de la ciudadanía. Pablo Iglesias es ese tipo que no tiene miedo a decir lo que piensa, a exponerse, porque de verdad, honestamente, cree en ello.

Y por eso, conduce un programa de entrevistas que se llama “Otra vuelta de tuerka”, cuyas bases se ven representadas en una bella y oportuna paradoja que hoy os traemos: Iñaki Gabilondo, periodista de “buena casta”, entrevistado por dicho candidato a la Presidencia. Es decir, que estamos asistiendo a un fenómeno sin precedentes en nuestro país: un político entrevistando a un periodista.

Debemos pronunciarnos. Debemos porque es urgente que los cargos públicos sean personas con espíritu de servicio público. Porque el mapa de la corrupción en España es inaceptable (ver mapa en elmundo.es). Y porque es hora de que apliquemos todo lo bueno que aprendimos de nuestros mayores, todo lo que heredamos de la buena casta, al gobierno de nuestras propias vidas.

Ver entrevista de Pablo Iglesias a Iñaki Gabilondo

Ver entrevista de Jordi Évole a Pablo Iglesias

A currar

Más confío en el trabajo que en la suerte
Proverbio latino

Rico o pobre, poderoso o débil, todo hombre ocioso es un ladrón
Jean Jacques Rousseau (1712-1778)

Trabajar dignifica, trabajar te hace libre, trabajar bla bla bla. Está claro que el trabajo es uno de los grandes temas para el ser humano. Hay quien trabaja por dinero, por placer, por realización personal o por obligación… Hay quien no trabaja, porque no quiere; quien quiere trabajar y no puede… Y hay quien ni siquiera sabe lo que es trabajar. De estos últimos hablaremos.

Los “steven spielbergs”

Centrándonos en el sector audiovisual -que es el que conocemos-, a poco que observemos, veremos que en él concurren animales de muy distinto pelaje. No es lo mismo coger la cámara y marcharse a cubrir la guerra en Crimea, que enrolarse en una teleserie casposa. Allí, en la teleserie, se vive bien -mucho mejor que en Crimea- y se trabaja ciertamente poco. Aunque pudiera parecer que la carga laboral es extenuante, en producciones medianas y grandes, el trabajo está tan estratificado, hay tantas personas implicadas, que la mayor parte del tiempo se pasa esperando. El que se encarga de enfocar no tiene nada que ver con el que dirige a los actores, o con quien los maquilla, los ilumina, o quien elige los escenarios. En Crimea es diferente. El profesional que viaja a una zona en conflicto (por seguir con el ejemplo) debe ser absolutamente autónomo, polivalente -un “hombre orquesta”- y con frecuencia una persona es capaz de obtener mejores resultados por sí sola, que veinte steven spielbergs de aquellos.

Autocomplacencia

Y esto se debe a la percepción que cada uno tiene de su propio trabajo. Para muchos -para demasiados- lo importante del medio audiovisual es lo que éste puede aportar a sus propias vidas, en términos de estatus socioeconómico (fama, prestigio, posición social, riqueza…) En la época del aparentar, hacer cine queda bien, con los amigos, con la familia, con las chicas en el bar; decir que he sido “director de producción” en tal o cual proyecto, ya hace que los demás me perciban como a alguien “importante”, “con contactos”, como a un “triunfador”. Y si consigo engañarme a mí mismo, me irá bien engañando a los demás.

Los pasolinis

Para otros, evidentemente, el trabajo audiovisual es una tarea de responsabilidad y como tal, sacrificada, desagradecida, dura. Lo importante no es la medalla, sino la obra, y las cosas se hacen a base de esfuerzo, desde una intensa formación previa (“el oficio”) y con una humildad ante el resultado que no es sino reconocimiento a los genios que nos precedieron.

Por eso, a los que día a día nos esforzamos por hacer mucho con muy poco, nos molesta profundamente esa gente con ínfulas que no sabe lo que es trabajar. Nos molesta que consigan engañar a los demás, contándoles milongas, haciéndoles creer que se necesita un equipo de veinte personas para hacer algo que con dos profesionales de verdad se resuelve; que se apropien espacios que no les corresponden, que nos roben las subvenciones a base de fiestas y gin-tonics -para organizar más fiestas y tomar más gin-tonics- y lo peor, lo que más nos duele y molesta, es que estén tan contentos de haberse conocido.

Claro que a los pasolinis nos engañan poco, identificamos a estos especímenes a la primera: basta con ponerles a currar.

Arcos de triunfo

Sucede que, en ocasiones, las cosas pierden su sentido. Resulta complicado, en este mundo nuestro, comprender por qué hacemos lo que hacemos, especialmente cuando se nos dice que “esto se hace así”, o que “siempre se ha hecho así” y que nosotros debemos hacerlo así, y ya está.

La tradición es una fuerza poderosa. Muy útil con frecuencia, pero demasiado tiránica cuando no se revisa. Y revisar la tradición es, por principio, algo delicado, ya que su poder radica precisamente en su capacidad para perpetuarse sin revisión alguna.

Madrid-Atleti

Aunque se quiera laica y aconfesional, la sociedad española es politeísta. Ya algún antropólogo ha apuntado que el propio Catolicismo es un culto politeísta, en tanto que sus fieles glorifican un gran número de divinidades -vírgenes, santos y demás-, pero no hablaremos tanto de eso como de otros iconos numinosos que estructuran nuestra cultura.

Este fin de semana, tendrán lugar en Europa dos celebraciones de corte espiritual -y de máxima importancia- relacionadas con los universos culturales político y deportivo (tan vinculados entre sí). La primera de ellas es la final de la Copa de Europa de fútbol (UEFA Champions League), el sábado, en la que por primera vez se enfrentarán dos equipos de la misma ciudad: el Real Madrid y el Atlético de Madrid. La segunda son las elecciones europeas, el domingo.

Así las cosas, podemos predecir que, el sábado por la noche, la estatua de un dios pagano será glorificada en Madrid. Si gana el Atleti (cosa poco probable), el dios Neptuno recibirá la peregrinación de miles de feligreses. Si el Madrid, la diosa Cibeles.

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A la romana

¿Por qué? Porque lo dicta la tradición. Y aunque pocos se planteen los orígenes o el sentido de tales costumbres, siguen practicándolas con un convencimiento tal -con tamaña adhesión al icono- que bien arriesgarían su integridad física si alguien osara impedírselo. Y se verá, cuando a altas (o no tan altas) horas de la madrugada comiencen las cargas policiales para disolver la turba.

Los romanos sabían bien cómo celebrar las victorias. Ellos extendieron esta costumbre de recibir a sus vencedores a la sombra de monumentos gloriosos. Los soldados entraban en Roma, entre vítores, a través de puertas erigidas específicamente para ellos, en su nombre, a su salud: los arcos de triunfo.

Las elecciones

Y tiene sentido que los senadores mandaran construir semejantes monumentos. La prosperidad del Estado se basaba en su capacidad bélica y por tanto, los guerreros eran -metafóricamente- héroes (mitad humanos, mitad dioses) a quienes se debía reconocimiento. Era prudente hacerlo.

Los políticos tienen sus propios templos. Allí se congregan para rendir culto al pueblo (ese dios de la democracia), para comparecer ante él y para rezarle cuando conviene. Y, como hacemos con otros dioses, para olvidarlo una vez hayamos obtenido el milagro que anhelábamos.

Comparecencias

Recientemente, con ocasión de las elecciones europeas, y ya que nuestra empresa se encuentra alojada en el vivero más importante de Asturias (el Centro Europeo de Empresas e Innovación), hemos tenido la oportunidad de intercambiar impresiones con algunos de los candidatos que postulan para representar al Principado en Bruselas. Candidatos de distintos partidos vinieron a visitarnos y nos preguntaron que qué tal, que cómo veíamos la situación y que qué podría hacerse para mejorarla.

Con el debido respeto, respondimos a sus preguntas y les trasladamos algunas de nuestras sugerencias, quejas y reivindicaciones, por ver si aquello servía de algo. Dijimos que la cuota de autónomos es un lastre importantísimo para las pequeñas y medianas empresas y que nos incapacita para competir con igualdad de condiciones en el mercado europeo, puesto que otros países de la Unión no gravan de manera tan arbitraria la actividad de sus empresarios. Dijimos también que el éxito de sectores como el nuestro, el audiovisual, pasa por que las empresas tengamos acceso a recursos compartidos (cámaras, estudios, redes…); que el idioma es un impedimento central para que compañías de distintos países europeos colaboren en proyectos comunes; que la vociferada apuesta del Estado por los emprendedores no es tal, ya que cuando una iniciativa empresarial fracasa, es el emprendedor quien pierde su patrimonio y no el Estado, que cobra igualmente; y que las subvenciones públicas no llegan hasta nosotros, que se quedan por el camino, debido a dos motivos principalmente: a la carga burocrática que supone solicitarlas y a que las empresas grandes las acaparan, por disponer de departamentos especializados en su obtención, que revisan a diario los distintos Boletines Oficiales y ponen en marcha todo un aparato jurídico de contrastada efectividad.

El sentido

Y así, ante estas argumentaciones, algunos de los candidatos llegaron a reconocer que “hay que cambiar el modelo completo”. Porque, está claro, cuando la tradición, la “manera de siempre” de hacer las cosas, no funciona, es necesario reconstruir los cultos. Esperemos que nuestras sugerencias, como tantas otras, no se las pasen por el arco del triunfo.