Confianza

En las “terapias de grupo” a menudo se realiza el siguiente ejercicio: uno de los pacientes se coloca de espaldas a sus compañeros y se deja caer, con la esperanza de que ellos lo sostengan antes de chocar contra el suelo. El ejercicio trata de poner a prueba y reforzar su confianza. El grupo siempre lo sostiene, sin excepción, pero el paciente no siempre consigue reunir la confianza necesaria para entregarse a sus compañeros.

El ejercicio se repite varias veces con cada persona y es progresivo, es decir, el grupo cada vez tarda más tiempo en rescatar al paciente, dejan que se aproxime más al suelo antes de sujetarlo.

Hay un punto crítico que demuestra la verdadera confianza en el grupo. Si uno se deja caer de espaldas -hagan la prueba-, puede oscilar unos 45 grados antes de perder definitivamente el equilibrio. A lo largo de esos 45 grados de inclinación, se pueden tomar medidas correctoras, es decir, doblar el cuerpo, echar un paso atrás -arrepentirse- pero, más allá de ese punto, la colisión contra el suelo, si no hay alguien para sostenernos, resulta inevitable. Es el punto de no retorno. Traspasar ese punto significa entregarse de verdad. Confiar.

Confianza aplicada

“Capturing the Friedmans” (2003) es el título del primer documental del estadounidense Andrew Jarecki. Narra la historia de una familia de clase media-alta de Long Island que, de la noche a la mañana, se ve envuelta en una turbia trama policial. Acusado de abusos sexuales a menores, el padre, Arnold Friedman, se enfrenta no sólo a una condena equivalente a la cadena perpetua, sino muy especialmente al linchamiento público.

Sin pruebas concluyentes, más allá de retazos de verdad, declaraciones inconexas y toneladas de prejuicios, la familia se esfuerza por entender lo que sucede y -quizás con ese propósito- graba en vídeo buena parte del proceso. El espectador asiste así, en primera persona, al desplome de una familia modelo, al derrumbe de todo un sistema de valores cuya base principal era (es) la confianza mutua.

Precisamente de eso, de confianza, habla la película. Y lo hace de tal modo que es el propio espectador quien la experimenta: des-confianza en los acusados, des-confianza en los acusadores, des-confianza en el proceso legal, en los abogados, en los detectives, des-confianza en los jueces, y des-confianza, en definitiva, en el conjunto de la especie humana.

Pero nada hay más duro que desconfiar de las personas más cercanas. Desconfiar de tu padre… Desconfiar de tu marido, de tu hijo… Uno no puede vivir así, no se puede sufrir tanto. Por eso, cuando el paciente (el hijo, la mujer, el hermano) se entrega, cuando ha alcanzado un cierto punto -de no retorno-, cuando uno ya ha puesto toda su vida en manos de los demás -cuando se ha rendido- no es posible recapitular, retractarse, echar marcha atrás.

Aunque todo el mundo te diga que estás equivocado.

Y aunque mueras en el intento.

 

Entrevista al director (en inglés)

Web oficial