Taconazo patrio

Resulta que “digo” es “Diego” y ahora nos intervienen. A los españoles, claro. La de “El País” de hoy es una de esas ediciones que conviene guardar en la caja de los tesoros, para no olvidarla. En ella confluyen dos informaciones y un artículo con soporte de citas que, vistos en conjunto, hablan mucho y muy mal de lo que hoy somos. Pero vayamos por partes.

Truco o trato

Dice el titular: “Los socios del euro imponen a España una intervención suave de la economía”. Uno lee esto y recuerda que, hace pocos, muy pocos días, Europa acordaba la recapitalización directa de la Banca española. Aunque no sepamos mucho de Economía, podíamos entender la cosa: Europa iba a prestar a los bancos españoles dinero para salir del atolladero. Directamente, sin que España tuviera que hacer nada: Europa presta a los bancos, los bancos devuelven la deuda. Punto.

Ahora resulta que ese préstamo está envenenado. Que España va a ser intervenida. Que nos obligan a subir el IVA, que nos obligan a bajar las pensiones, que nos obligan a reducir el subsidio por desempleo, que obligan a nuestros funcionarios a trabajar más horas -y por menos dinero- y que, además, cada tres meses vendrán los hombres de negro a meterse en nuestra cocina. Sin mencionar los recortes para las comunidades autónomas, que repercutirán en sanidad y en educación. Un desastre. Un engaño.

Los hidalgos

¿Sabes lo que dice la gente? Chopito en la frente.

Así, con esta frase, de esta forma tan burda, conseguíamos en el colegio que nuestros compañeros menos avispados encajaran un golpe en su testuz, sin rechistar. Les hacíamos la preguntita y hostia que te crió, automático. Sus bocas abiertas reflejaban la estupefacción ante la injusticia socialmente aceptada.

Eugenio Scalfari es el fundador del diario italiano “La Repubblica”. “El País” publica un artículo suyo en el que relata una conversación con Mario Draghi, el actual Presidente del Banco Central Europeo quien, además, es su amigo. Hablan de fútbol, de política… Pero lo más llamativo es lo que dicen acerca de los españoles:

Los españoles son muy orgullosos, son hidalgos, te miran a la cara con ojos desafiantes y dan taconazos de rabia si se les devuelve la misma mirada. Como en el flamenco, donde arquean la espalda y la ceja. Tratar con ellos no debe de ser fácil.

Esta idea del español está muy arraigada. La soberbia parece que nos define. Pero -siguiendo con el tópico- es mera pretenciosidad porque, al final, ni somos tan bravos, ni tan grandes, ni tan estupendos puesto que, como mendigos, vamos a reclamar limosna cuando el hambre aprieta.

Resulta indignante. El papel de soberbios segundones que se nos asigna parece justificar que se nos trate con acrimonia. Quieren bajarnos los humos, devolvernos la humildad perdida a base de chopitos en la frente. Ja.

Recordemos que “hidalgo” es la abreviatura de “hijo de algo”. Ese “algo” puede ser un duque, un conde, un terrateniente… Pero lo más probable es que no sea nada y el hidalgo se dedique meramente a aparentar nobleza. Es una grave ofensa que el Presidente del Banco Central Europeo y el fundador del diario italiano más importante llamen, entre risas, a todos los españoles “hidalgos”. Fanfarrón, soberbio y miserable es lo que en realidad esconde el apelativo.

El desarrollo moral

Y en este contexto -en este mismo número de “El País”-, otro artículo informa sobre la Ley General de la Comunicación Audiovisual que hoy espera aprobación por parte del Senado.

La nueva Ley, entre otros “ajustes” -los cuales, por ejemplo, permiten la privatización de las televisiones autonómicas- trata de evitar que los menores tengan a su alcance formatos perjudiciales para su desarrollo físico, mental o moral. Eh, repitamos: los menores no deben tener a su alcance contenidos televisivos que perjudiquen su desarrollo físico, mental o moral.

Señor Draghi. Señor Scalfari. Señor Rajoy. Señores “socios de la Eurozona”. Sus acciones perjudican notablemente el desarrollo moral de nuestros menores. La mentira es de una bajeza moral infinita y ustedes la incorporan a sus discursos en todas las modalidades conocidas: desde la media verdad, hasta el burdo engaño que mira a los ojos y jura y perjura, que sí, por mis muertos, que te lo digo yo. Sería preferible -para el desarrollo moral de nuestros jóvenes- que ustedes quitaran el velo que pende sobre el porno y -en cambio- censuraran sus propias apariciones. Y sirva este taconazo patrio, de hidalgo, de miembro del clan que acunó a Miguel de Cervantes, nombró a Colón Virrey de las Indias y encumbró hasta el podio al mismísimo Iker Casillas para demostrar que, con chopito o sin él, el agraviado puede revolverse, morder y matar.

Contacto: Jesús Hernández

Entrevista en audio a Jesús Hernández, Director de la Oficina Media Desk Spain, encargada de asesorar, ofrecer información y asistir a los profesionales del Cine, la Televisión, las Nuevas Tecnologías y en general el sector audiovisual en relación al Programa MEDIA de la Unión Europea.

El programa MEDIA constituye la gran ayuda europea al Cine. Prácticamente todas las grandes producciones cinematográficas europeas cuentan de un modo u otro con la participación del Programa y su trayectoria abarca ya dos décadas en el tiempo.

En esta entrevista, Jesús Hernández no sólo nos habla de MEDIA, sino también del Cine español, el europeo y el estadounidense y abordamos temas como el modelo de cine subvencionado frente al modelo íntegramente privado, el cine de autor frente al cine espectáculo, la situación actual del sector audiovisual y el papel de las televisiones autonómicas.

Felicidad Interior Bruta

Diez buenos años atrás (lo de “buenos” es porque quizás sean quince), un profesor de Economía en la Universidad dijo algo en lo que mis compañeros no repararon, pero que para mí fue la revelación más inquietante y esclarecedora de toda la carrera. Estaba explicando las políticas internacionales, la autorregulación del mercado y esas cosas. Afirmó que la política de la Unión Europea se basaba en igualar los precios en todos los países, con la seguridad de que los salarios se igualarían también, ellos solos, con el paso del tiempo. Yo pregunté lo obvio: ¿cuánto tiempo tardarán los salarios españoles en igualarse con los de los demás países europeos? Mi profesor respondió: “Con suerte, 30 años”. En ese momento, me di cuenta de que toda mi vida estaría marcada por la recesión económica.

El precio de los pisos en Bruselas es, a día de hoy, igual o inferior al precio de los pisos en Madrid. El salario mínimo interprofesional en Bélgica es de 1.331 euros al mes. En España, de 600.

Un par de años atrás, una nonagenaria tía-abuela mía me dijo: “los jóvenes de hoy lo tenéis muy mal”. Yo pensé que, si esta mujer, que había vivido la Guerra y la posguerra, la Dictadura, la Transición y lo que llevamos de Democracia, se compadecía de los jóvenes actuales, muy mal debía de estar la cosa. Me puso un ejemplo: “Fíjate, cuando mi marido y yo compramos nuestro piso, nos hipotecamos a cinco años. Y lo hicimos con mucho miedo, porque ¿quién podía saber lo que pasaría de ahí en cinco años?”.

El piso al que hacía referencia era relativamente amplio, céntrico, en Madrid. Hay que decir que no contaban con más ingresos que los de su marido, alfarero de profesión y que, además, criaron a varios hijos.

Las hipotecas actuales, caso de ser concedidas, se extienden durante 20, 30 o 40 años. Y para costearlas, no suele bastar con un sueldo –de abogado, de médico-, sino que ambos cónyuges deben aportar.

Un par de días atrás, el diario “El País” publicaba los resultados de un “juego” llamado “El mejor País”, en el que los lectores escribían las noticias que les gustaría leer. Destacaba un titular: “La Felicidad Interior Bruta, aceptada como índice de referencia socioeconómico internacional”.

Quizás los precios, los salarios, el desempleo y las demás hipotecas no sean buenos indicadores de la Felicidad Interior Bruta.

Pero mi intuición me dice que algo tienen que ver.